Un helicóptero rotura el cielo del centro penitenciario A Lama (Pontevedra). El ruido de las hélices ahoga las explicaciones de Esperanza, la educadora, en torno al relato sobre la bondad que ha abierto la sesión de hoy del taller de animación a la lectura. Pese a la insistencia del aparato, no hay razón para la alarma: no va a repetirse aquí una escena de fuga como la vivida en el 2009 en la cárcel de Brujas, que se saldó con la evasión de tres presos peligrosos. No eran los primeros en lograrlo por la misma vía. Esperanza informa a la treintena de asistentes al taller que el helicóptero participa en la extinción de un incendio cercano.
Es probable que más de un interno de A Lama sueñe con escapar. Los pupilos de Esperanza han optado por un medio para conseguirlo que no tiene nada de punible ni delictivo: la literatura. “Las experiencias de otros autores te hacen saltar el muro”, resume Javier, 31 años, más de dos en prisión y cuatro más pendientes, en una síntesis perfecta del espíritu con que muchos reclusos se aferran a los libros.
1 month ago